El segundo plato

Desde que murió Elena, Julián cenaba solo.

Aquella noche puso un plato sobre la mesa, se sirvió sopa y encendió la televisión.

A mitad de la cena oyó el ruido de una cuchara.

Levantó la mirada.

Frente a él había otro plato.

Vacío.

Julián dejó de respirar.

La cuchara volvió a sonar.

Esta vez dentro del plato.

—Elena… —susurró.

Entonces apareció una pequeña mancha de sopa en el fondo.

Después otra.

Como si alguien invisible estuviera sirviéndose.

Julián empezó a llorar.

No por miedo.

Sino porque comprendió algo mucho peor.

Durante cuarenta años había puesto dos platos.

Y aquella era la primera noche en que recordaba haber puesto solo uno.