La chaqueta en el respaldo

 

La chaqueta seguía colgada en el respaldo de la silla.

Como si él fuera a volver en cualquier momento.

Como si solo hubiera salido a comprar pan.

Elena la miró desde la puerta de la cocina.

No se atrevía a tocarla.

En el bolsillo todavía estaba el billete de tren doblado, el caramelo de menta y aquella lista pequeña que él escribía cada mañana: leche, pilas, tomates, llamar a Elena.

Su nombre seguía allí.

Pendiente.

La casa estaba en silencio, pero no vacía.

Había objetos haciendo guardia.

La taza en el fregadero.

Las gafas sobre el periódico.

Las zapatillas apuntando hacia el pasillo.

Elena dio un paso y apoyó la mano en la chaqueta.

Aún conservaba un resto imposible de su calor.

Entonces se sentó en el suelo.

No lloró.

Solo entendió que algunas ausencias no entran de golpe.

Se quedan colgadas de una silla, esperando a que alguien tenga el valor de descolgarlas.