La maleta cerrada

 

La maleta seguía junto a la puerta.

Perfectamente cerrada.

La etiqueta del viaje aún colgaba del asa.

Dentro estaban los billetes, la ropa doblada y el libro que había reservado para el trayecto.

Todo preparado.

Todo listo.

Todo inútil.

Durante semanas, nadie se atrevió a moverla.

Parecía guardar algo más que ropa.

Como si en su interior hubiera quedado atrapada una vida entera que estaba a punto de empezar.

Y que nunca llegó a salir de casa.