El banco del andén


La estación cerró a medianoche.

Los paneles se apagaron.

Los últimos viajeros desaparecieron con sus maletas y sus prisas.

Pero un banco permaneció allí.

Frente a la vía vacía.

Sobre él, un ramo de flores envuelto en papel mojado y una bufanda cuidadosamente doblada.

Los empleados la vieron cada mañana.

Y cada noche.

Nadie se la llevaba.

Nadie preguntaba por ella.

Hasta que uno de los vigilantes encontró, semanas después, una fotografía escondida entre los pliegues de la bufanda.

Dos personas sonriendo.

Y, detrás, escrita a mano una fecha.

La misma que llevaba años sin llegar.