El intermitente

 

El coche llevaba toda la noche aparcado frente al hospital.

Motor apagado.

Ventanas empañadas.

Y el intermitente parpadeando sin descanso hacia una calle vacía donde nadie iba a girar.

Los guardias lo vieron desde la madrugada, marcando el mismo destello naranja contra la lluvia, una y otra vez, como un mensaje absurdo que se negaba a terminar.

Dentro no había nadie.

Solo una chaqueta en el asiento del copiloto.

Y una bolsa de plástico con ropa doblada para alguien que nunca llegó a salir por aquellas puertas.

Cuando amaneció, la batería murió.

El intermitente se apagó por fin.

Y el silencio del coche pareció mucho más triste que el ruido que había hecho durante toda la noche.