No recordaba haberla tocado.
Pero allí estaba, sobre la mesa, boca abajo.
Una fotografía que llevaba años quieta, protegida bajo el polvo del tiempo, y que ahora mostraba su reverso amarillento, su silencio de papel envejecido.
Pero allí estaba, sobre la mesa, boca abajo.
Una fotografía que llevaba años quieta, protegida bajo el polvo del tiempo, y que ahora mostraba su reverso amarillento, su silencio de papel envejecido.
No me atreví a darle la vuelta.
Sabía demasiado bien lo que había en esa imagen: sonrisas detenidas, miradas que ya no existen, promesas que se cumplieron demasiado pronto.
El simple hecho de verla de nuevo habría roto el frágil equilibrio de estos días.
Así que la dejé así, boca abajo.
Porque a veces no mirar es la única manera de seguir respirando.