El cuaderno mojado

La tormenta había cesado, pero el olor a tierra húmeda aún llenaba el aire.
En el banco del parque, un cuaderno yacía empapado, las páginas pegadas unas a otras, los trazos de tinta disueltos hasta volverse manchas azules sin forma.

Me acerqué despacio, con la sensación absurda de estar irrumpiendo en algo íntimo.
No quedaba nada legible, solo fragmentos de frases perdidas, nombres sin dueño, recuerdos borrados por la lluvia.
Era como si alguien hubiera intentado salvar su vida entera en aquellas páginas, y el agua hubiera decidido que no merecían permanecer.

Lo cerré con cuidado, aunque ya era inútil.
Algunas historias, pensé, no se pierden por olvido, sino por desbordamiento.