La ventana rota en mitad de la noche

El estallido me arrancó del sueño.
La ventana estaba hecha añicos, abierta como una herida en la pared.
El viento se colaba furioso, levantando las cortinas como si intentara arrancarlas.

Me acerqué descalzo, con el corazón martillando, y miré hacia fuera.
Pero no había calle, ni edificios, ni estrellas.
Solo una oscuridad espesa, infinita, que parecía extenderse más allá del vidrio roto.

La noche había encontrado la manera de entrar en mi habitación.
Y ya nada volvería a cerrarse del todo.