El parque estaba vacío, sumido en un silencio extraño, como si los árboles contuvieran la respiración.
Y sin embargo, en el centro, un columpio se balanceaba lentamente.
Nadie alrededor, ni niños, ni pasos, ni voces.
Solo ese vaivén hipnótico, moviéndose con una cadencia que no parecía del viento.
Y sin embargo, en el centro, un columpio se balanceaba lentamente.
Nadie alrededor, ni niños, ni pasos, ni voces.
Solo ese vaivén hipnótico, moviéndose con una cadencia que no parecía del viento.
Me quedé observándolo, intentando encontrar una explicación.
El crujido de las cadenas resonaba como un lamento mecánico, marcando un ritmo que me helaba la piel.
Era el eco de una presencia que ya no estaba, la huella de un instante detenido en el aire.
Y comprendí que no hay nada más inquietante que un juego vacío que insiste en seguir vivo.