El fogonazo de la culpa

Instante...

Un segundo. Solo un segundo.
Y el rojo ya había pasado. O eso quise creer.
Pisé el acelerador como quien se escapa de algo más que una multa.

El flash me atraviesa por el retrovisor. Un disparo de luz que no perdona.
El corazón me da un vuelco. Como si me acabara de descubrir a mí mismo.

Pensamientos...

—¿Y si hubiera habido alguien cruzando?
—¿Qué me costaba esperar unos segundos más?
—Siempre tan rápido, siempre tan tarde, siempre tan idiota.
—Ya está. Ya la he liado.

No es solo la multa.
Es la conciencia que ya no se calla.
El recordatorio de que en ese segundo pudo cambiarlo todo.

Un fogonazo que no solo ilumina la matrícula.
Ilumina mi error.