Un golpe seco, como si algo hubiese soltado de pronto.
Un tirón hacia abajo.
Después, el silencio.
Y la oscuridad total.
Me quedé quieto, intentando entender si seguía cayendo o ya estaba detenido.
Todo dolía… pero nada grave, creo.
El corazón me retumbaba en el pecho como si quisiera salirse.
Intenté encender la linterna del móvil. Nada. Sin señal. Sin batería. Sin luz.
Solo yo y esta caja suspendida en la nada.
¿Suspendida?
¿Y si no está suspendida? ¿Y si está apoyada sobre algo débil?
¿Y si cualquier movimiento la hace seguir cayendo?
Respiro. Cuento. Escucho.
Nada.
Empiezo a hablar en voz baja, solo para no olvidar que existo.
El tiempo se deforma aquí dentro.
No hay minutos, solo latidos.
Y cada uno suena como un eco que nadie más va a oír.
Pienso en las cosas que no dije.
En lo que me dio miedo enfrentar.
En si alguien notará mi ausencia.
En si este instante absurdo va a ser mi frontera.
Quiero gritar, pero el silencio me escucha con demasiada atención.
Así que espero.
Con los ojos abiertos, en la oscuridad.
Porque aún no sé si esto es el final…
o solo una pausa muy larga antes de volver a subir.