Al borde del abismo

No tengo el control.
El volante no está en mis manos y cada curva es una amenaza envuelta en segundos.
Él ríe, acelera, no frena. Cree que domina la carretera.
Pero esta carretera no se deja dominar.

Cada giro es una moneda lanzada al aire.
Cada rugido del motor, una advertencia ignorada.
Miro el acantilado, tan cerca, tan inmediato… como si nos esperara.

Mi cuerpo tenso se aferra al asiento, como si eso pudiera salvarme.
Las manos sudan, el corazón golpea el pecho como si supiera algo que yo no quiero admitir.
Quiero gritar que frene, que pare, que piense.
Pero no digo nada.
Porque mi miedo ha hecho nudo en la garganta.

¿En qué momento dejé de confiar?

¿En qué momento entendí que la confianza ciega puede ser el principio de la caída?

Y aún así, sigo aquí.
Copiloto de mi propio temor, testigo de un posible final con nombre de curva.
Tal vez la próxima nos trague.
O tal vez no.
Pero la duda ya conduce conmigo.