El corazón late lento, pero firme.
Sé que lo di todo. Que cada madrugada de estudio, cada fin de semana encerrado, cada sacrificio tiene un sentido.
Espero. No con fe ciega, sino con la dignidad de quien ha peleado hasta el final.
Respiro hondo.
Pienso en mis padres, en los años que ya no volverán, en los amigos que perdí por este sueño.
Pero estoy en paz. Pase lo que pase.
Durante
Un número. Una palabra.
"NO APTO".
Tardo unos segundos en entender que es mío. Que esa fila, esa nota, esa sentencia, soy yo.
Me arde el rostro, como si todo el mundo pudiera verme caer.
Una parte de mí lo sabía. Otra se resiste.
El silencio que me envuelve es brutal. Ni grito, ni lloro. Solo escucho cómo se rompen dentro de mí años de voluntad.
Todo ese tiempo, ¿para qué?
Después
No quiero hablar. No quiero consejos.
La rabia no viene, solo un cansancio viejo, profundo, de los que pesan en los huesos.
¿Y ahora?
Recojo papeles. Borro marcadores. Cierro carpetas. Como si así pudiera clausurar esta etapa.
Pero la herida sigue abierta.
Sé que algún día entenderé lo que esto significa.
Pero hoy… solo me permito estar roto. Y en ese permiso… quizás empiece de nuevo.