Lo último que miró

El semáforo estaba en rojo.
La radio hablaba de lluvias dispersas.
Ella temblaba mientras leía un mensaje.
Demasiado tarde.
Demasiado certero.

Un niño cruzaba el paso de cebra.
Llevaba una mochila azul.
Ella lo vio, pero no del todo.
Los ojos estaban en la pantalla,
no en la calle.

La luz cambió a verde.
Ella aceleró.
El otro coche también.
Fue un cruce, no una colisión con el niño.
Pero el momento ya era irreversible.

El impacto fue lateral.
Cristales volando.
El móvil estallando contra el salpicadero.

Ella quedó inmóvil,
el rostro manchado de sangre,
mirando —
una mariposa dorada
pegada en el cristal trasero de su coche.

Eso fue lo último que miró.
No al conductor que la embistió.
No al niño que cruzó ileso.
Solo esa mariposa.

Y quizá, en ese instante,
voló con ella.