Dijiste "ahora", pero era nunca

La maleta estaba junto a la puerta.
Él miró el reloj.
Tú dijiste: “Ahora.”
Pero tu voz no sonaba a presente,
sonaba a despedida.

Los platos seguían calientes.
El perro no ladró.
Las cortinas seguían abiertas
como si esperaran una escena que ya no iba a ocurrir.

Él cerró la cremallera.
Tú evitaste los ojos.
Y entonces lo entendió:
no querías que se quedara,
querías que no volviera.

El reloj marcaba las 18:04.
El taxi llegó a las 18:05.
Y el amor,
ese amor lleno de trenes perdidos,
se fue a las 18:06.

Sin ruido.
Sin beso.
Sin retorno.