Rodó más lejos que el cuerpo.
Y allí se quedó, en la cuneta,
mirando la carretera como si esperara algo.
Y allí se quedó, en la cuneta,
mirando la carretera como si esperara algo.
Nadie lo recogió.
Pasaron ambulancias, grúas, curiosos.
Pero el casco siguió ahí,
quieto, intacto,
como si no quisiera olvidar.
Pero el casco siguió ahí,
quieto, intacto,
como si no quisiera olvidar.
Aún guarda la forma de una vida.
La curva de la nuca, el sudor seco,
el leve roce de una última caída.
La moto ya no está.
El cuerpo tampoco.
Solo ese objeto,
negro y brillante,
mudo como un grito tragado.
El cuerpo tampoco.
Solo ese objeto,
negro y brillante,
mudo como un grito tragado.
Un niño lo miró desde la ventanilla de un coche.
Y por un instante, supo que algo había pasado.
No entendió el qué,
pero tampoco pudo mirar hacia otro lado.
Y por un instante, supo que algo había pasado.
No entendió el qué,
pero tampoco pudo mirar hacia otro lado.