El salto que no fue

No sé en qué momento dejé de poder volar.
Mi cuerpo recordaba el gesto: la carrera corta, el impulso, el aire bajo los pies…
Lo había hecho mil veces, de niño, de joven, sin dudar.
Y hoy, por alguna razón absurda, he querido repetirlo. Como si el tiempo no contara.
Como si bastara con quererlo.

Pero el suelo no ha sido cómplice.
Esta vez no me ha recibido con la ligereza de antes.
Me ha dolido. No solo el golpe. Me ha dolido el descubrimiento.


Creí que aún era el mismo.
Pero el salto no me ha devuelto a mi infancia.
Me ha dejado tirado en el presente.
Creí que podía engañar al tiempo un instante, recuperar el vértigo sin castigo.

Mientras me agarro la pierna, mientras respiro hondo y disimulo, sé que no es solo una caída.
Es el cuerpo que habla cuando ya no puede seguir el ritmo del recuerdo.
Y sin embargo… no me arrepiento.
Porque por un segundo fui de nuevo aquel que creía que todo era posible.