Asiento 14A

El pasillo estaba limpio.
Y el asiento 14A seguía ahí, junto a la ventanilla,
esperando a alguien que ya no iba a ocuparlo.

La tarjeta de embarque no fue escaneada.
Nadie escuchó su nombre por megafonía.
Solo quedó en la lista, como una sombra que no se borra.

Después, el vuelo partió.
Las nubes eran suaves, el cielo claro, la velocidad constante.
Todo ocurrió en silencio.
Sin dramatismo.
Sin señales.


Y sin embargo, cuando los restos llegaron a tierra,
El cinturón aún abrochado.
La bandeja arriba.
Una revista sin doblar.
el asiento 14A estaba intacto.

Como si se hubiera salvado.
O como si hubiese quedado vacío por anticipación.
Una premonición sin palabras.
Una ausencia que no se justificó.

Hoy, alguien aún busca entre los nombres.
Y repite el suyo en voz baja.
Porque si está escrito, quizás no se ha ido del todo.